Participantes en encuentro con jóvenes.

Unas semanas antes de que se declarara la cuarentena, jóvenes artistas y artesanos, emprendedoras del desarrollo de software, vendedoras en línea, cocineras, y costureras, entre otros, participaron en dos talleres en Guayaquil y Quito que el Laboratorio de Aceleración del PNUD llevó a cabo en febrero e inicios de marzo. El objetivo: realizar un mapeo del problema de la situación de la informalidad y la precariedad laboral. Ahora, en el contexto de confinamiento sabemos que los trabajadores informales están siendo afectados fuertemente por la falta de acceso a medios de vida. Si antes de la crisis sanitaria las soluciones hasta ahora conocidas parecían haberse quedado obsoletas, ahora más que nunca es importante actuar tomando en cuenta los aportes de sus protagonistas.

El perfil del grupo participante y las diferencias de género

Los jóvenes con quienes dialogamos cuentan con formación a nivel bachiller y algunos con nivel universitario. Fueron convocados mediante una alianza con Fundación Edúcate, quienes trabajan en educación financiera y herramientas para la incorporación laboral.

Con base en a algunos datos de estos 50 jóvenes, vemos que incluso en la informalidad las mujeres perciben menos ingresos que los hombres, en este caso, una diferencia de 4.99 puntos porcentuales. A lo largo de su vida laboral, nunca han estado afiliados al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) de forma voluntaria y aquellos que han ingresado al esquema de protección social ha sido de forma intermitente por trabajos temporales por cuenta ajena. La ventana de la formalidad ha sido ligeramente más amplia en el caso de los hombres que de las mujeres.

Las diferencias por condición de género también se manifiestan en el uso de tiempo. Es llamativo que las mujeres aun dedicando más tiempo al trabajo, los estudios y al trabajo de cuidados reportaron tener más tiempo propio que los hombres. Esta paradoja nos hace pensar que el trabajo de cuidado posiblemente está incorporado como una actividad inherente, naturalizada y elegida, por lo tanto, como parte del tiempo propio. La distribución del trabajo de cuidados no se hará sin un salto de la teoría al reconocimiento de que esas actividades son trabajo y contribuyen a la economía.

También pudimos conocer que las mujeres se desplazan una menor distancia que los hombres para realizar sus actividades económicas. Mientras las mujeres permanecen dentro del perímetro cercano al hogar o desarrollan sus actividades de trabajo desde sus casas, los hombres tienen desplazamientos más largos. Esto nos hace pensar que las mujeres podrían estar ancladas a sus hogares por un mandato de género para apoyar en las labores de casa (la mayoría vive con sus padres), y por mayores restricciones para acceder al espacio público.

Cuando de trabajo se habla con mujeres, surge el problema de la explotación sexual, la violencia y la sexualización del trabajo. Esto no solamente se da en el espacio laboral, sino durante la fase de búsqueda de trabajo en la que se encuentran vulnerables. Las páginas digitales de búsqueda trabajo son espacios donde a veces, a través de mecanismos engañosos, se reclutan a mujeres jóvenes para el trabajo sexualizado y la trata.

«Por [nombre de plataforma ] también anuncian trabajos en confidencial. Tú te postulas, ellos te mandan por WhatsApp y te mandan para call center y todo lo demás, pero a mí me parece algo raro que una entrevista de trabajo sea en una casa. Entonces yo al ver eso dije no, yo para allá no voy.»

La violencia sexual en el ámbito laboral no solo se manifiesta de forma explícita como en este ejemplo, sino que existe una forma normalizada y socialmente aceptada de condicionar el trabajo de las mujeres en el que no solo deben prestar sus servicios, sino que lo que ponen a trabajar es su cuerpo como símbolo de la feminidad.

«Hay trabajos que ponen como que el cuerpo vende. Yo digo, para un trabajo para un puesto, obviamente más te sirve tu cerebro, tu visión, la forma en cómo tu trabajes. Pero eso no lo ven algunos, porque depende de cómo vas vestida, depende de cómo vas maquillada: eso es lo que contratan. Si vas todo sin maquillaje, todo despeinadita, dicen: no, a esta no la contrato. La presencia es la que vende. Grupo focal de mujeres, Guayaquil

Nos encontramos frente a un problema y no varios, pues la explotación sexual de las mujeres en el ámbito laboral se da dentro de un espectro. Es decir, identificamos que, en un extremo, quizá socialmente más aceptado y menos regulado, se exige a las mujeres una “presencia” en el ámbito laboral, el cual consiste en mantener una apariencia femenina, arreglada, dentro de los cánones y en el otro extremo, el trabajo sexual. Se trata de un mismo problema que se expresa en diferentes grados.

Mapeo del problema

Como era de esperar, nadie es más experto en una materia que quienes la sufren. Los jóvenes dialogaron con entusiasmo, críticamente y de forma muy abierta.  Identificaron un sistema educativo deficiente, memorístico y que no dota de herramientas para la vida. Dijeron que desconfían de los cursos, presenciales o en línea por ser enlatados y no adaptados a sus realidades. Cursos sobran, pero dicen que les faltan herramientas blandas y educación emocional. Hablan de arrastrar situaciones familiares y afectivas complejas así como presiones.

La autoestima no se levanta mediante sesiones de coaching y aunque algunos se han esforzado siguiendo las pautas que teóricamente conducen al éxito, la mayoría indica con claridad las limitaciones que enfrentan: exceso de trámites y permisos para alcanzar un emprendimiento, falta de incentivos para la contratación de jóvenes y permisividad a las empresas bajo la figura de pasantes, barreras de acceso a la educación pública, una sociedad basada en padrinazgos, entre otros.

Transicionar a la formalidad y no a la normalidad

Si la formalidad es hablar de derechos, esta es una aspiración de los jóvenes, pero si la formalidad es hablar de normalidad de ésta huyen. Los jóvenes aspiran a acceder a derechos laborales, pero no necesariamente al trabajo de 40 horas semanales por cuenta ajena, pues indican que es una forma de “esclavizarse”. Algunos optaron por la informalidad por ofrecer mayor flexibilidad de tiempo, más libertad y mayores ingresos que un trabajo de rango inicial.

En este taller queríamos verificar si la falta de afiliación voluntaria al sistema de protección social se debe a la falta de cultura previsional, siendo esta una de las hipótesis del Proyecto del Fondo ODS. Encontramos que a este grupo no le falta previsión, pero sí horizontes. No posponen la afiliación porque su jubilación la ven lejana, sino que la desestiman por dos razones. Por un lado, han perdido la confianza en el sistema de seguridad social ecuatoriano, aludiendo a que está “quebrado” o que los servicios de salud son de mala calidady por otra parte, creen que la previsión no tiene futuro sobre el cuál asentarse.

“Lo que se dice en el ámbito político, que nosotros somos la respuesta a los problemas, que los jóvenes son el futuro, nos dejan una carga. Una carga, como que nosotros tenemos que ejercer algún tipo de cambio, pero sin ningún medio de ayuda por medio de ellos”.

Hemos llegado al momento de la emergencia. Las políticas son para ya, para atender la crisis que no es de ahora, pero que se ha agudizado. Recomponiendo el puente hoyse podrá caminar hacia la otra orilla Pero sin puente no hay horizonte.

“¿Cómo nos vemos en unos años? Yo me veo extinta te comento, porque hay muchas cosas que eventualmente van a suceder a nivel de humanidad si seguimos con este ritmo de vida”.

El testimonio de esta joven se topó con la pandemia del COVID-19 a la vuelta de la esquina. Si la informalidad era un problema, ahora es apremiante. Llueve sobre mojado. Es en este contexto de enfermedad y amenaza a la vida, en el que se debe diseñar otros mundos hasta hoy desconocidos para volver a germinar una vida “que merezca ser vivida”.

Si estás trabajando en soluciones para mejorar los medios de vida de jóvenes en informalidad escribe a paulina.jimenez@undp.org y únete al https://colaboratoriociudadano.org/

 

Escrito por: Paulina Jiménez, Responsable de Mapeo de Soluciones – Laboratorio de Aceleración del PNUD en Ecuador

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